Bangkok
Bangkok, ciudad de ángeles

La ciudad se despierta entre nubes grisáceas nacidas de los innumerables vehículos. Aunque más que despertarse, podemos decir que, sin duda, no ha dormido. El bullicio y la sensación de espesor en el aire se palpan a nuestro paso. De repente un claro en el camino y un templo, donde el silencio se corta con el filo de una navaja. Los aromas nos sugieren una mezcla inverosímil de alquitrán y jengibre, de gasoil y albahaca. Pero hay algo allí que enamora, un “no se qué” que encandila al visitante. Tal vez sea el neón, tal vez sea la monumentalidad de sus edificios o su diversión inagotable pero, con certeza, el impacto que nos causa Bangkok deja huella en lo más profundo de nosotros, allí donde todos somos uno. La amabilidad de sus gentes nos hace ver que, definitivamente, estamos en la ciudad de la eterna sonrisa. “Ciudad de ángeles” la llaman.

Una ciudad que merece la pena disfrutarla aunque para ello haya que lidiar con enormes atascos, soportar la contaminación y el calor asfixiante además de sus inundaciones anuales debido a su clima monzónico. Pero, no cabe duda que estamos ante una de las capitales de Asia.

Bangkok ha sido clara dominadora de la vida política, comercial y cultural de Tailandia desde finales del siglo XVIII.

La ciudad se ubica al este del río Chao Phraya, y la línea ferroviaria más importante, que va de Norte a Sur, divide la ciudad en dos partes: el antiguo Bangkok, con casi todos los templos más antiguos, deslumbra en la parte delimitada por el río y el tren; el moderno Bangkok, mucho más grande que la parte vieja, que alberga los principales distritos comerciales y turísticos se encuentra al este de la línea del ferrocarril. Este parte de la ciudad ha sufrido un crecimiento urbano caótico y desmesurado.

A pesar de ser una ciudad de un tamaño desmesurado, Bangkok sorprende al turista por su cantidad de espacios tranquilos para relajarse. A pocos metros de una tumultuosa calle, nos desborda la calma de uno de los 400 wats (templos-monasterios) o de los rincones cercanos al río. Monumentos imprescindibles son el Wat Phra Kaew, el Gran Palacio, el Wat Pho y el Wat Traimit. Este último es el Templo del Buda de Oro, y acoge una impresionante imagen de tres metros de altura y cinco toneladas y media de este metal. La Casa de Jim Thompson, el empresario de la seda, es un paraíso de arte y arquitectura tradicional tailandesa. Thompson, un expatriado estadounidense, fue comisario y promotor de la cultura tailandesa hasta su misteriosa desaparición en 1967.

A parte de éstas, otras atracciones interesantes son el mercado flotante Wat Sai, en Thonburi; los paseos en barco por la extensa red de canales (klongs); la Granja de Serpientes (Saovabha Institute), y el célebre Hotel Oriental.

El ocio nos puede llevar desde la danza clásica al boxeo tailandés e incluso a los bares go-go de Patpong. Si se busca una diversión alternativa por la noche, hay que adentrarse en los mercados nocturnos detrás de la calle Ratchaprarop, en Pratunam. Las compras son una de las protagonistas en esta ciudad. Es el paraíso de las copias e imitaciones de la ropa más fashion. Es el lugar perfecto para adquirir prendas a muy buen precio para el viaje, o incluso ropa elegante.

El lugar más frecuentado por los viajeros de bajo presupuesto es la calle Khao San, en Banglamphu, pero la zona de los alrededores de la calle Sukhumvit ofrece una mayor selección de hoteles de precio medio. Los mejores sitios para comer por poco dinero son Banglamphu y el barrio vecino de Thewet. Para disfrutar de un grato paseo por la ciudad y de su vida cotidiana, hay que dirigirse a Chinatown y Pahurat, los distritos del mercado chino e indio, de actividad incesante.

Como cabe esperar en uno de los principales centros asiáticos de transporte, llegar a Bangkok o salir de él es toda una aventura. Todas las grandes rutas de autobús y de tren de Tailandia terminan en esta ciudad, que es, asimismo, un lugar donde conseguir interesantes ofertas para viajar local o internacionalmente. Los viajes por río o por el canal son mucho más aconsejables que el transporte por carretera, aunque el asfalto se convierte en cada vez más ocasiones en la única opción disponible.

El sistema de autobuses de Bangkok es bastante fácil de utilizar, pero la escasa fluidez que experimenta el tráfico en esta ciudad debido a los monumentales atascos (una velocidad media de 13 kilómetros por hora en la hora punta) impide que éste sea el sistema idóneo. Casi todos los taxis tienen taxímetro y no son muy caros. Los tuk-tuks (triciclos motorizados) no son mucho más asequibles, pero cuentan con la arriesgada ventaja de poder abrirse paso entre el caos del tráfico. La mejor conexión con el aeropuerto es el tren, ya que sólo tarda media hora en comparación a las tres horas que emplean los autobuses o los taxis.

Ojo con el clima

Al visitar Bangkok, hay que tener en cuenta que las temperaturas son sofocantes en abril y que los monzones hacen acto de presencia en octubre. Estos son probablemente los peores meses de la capital en lo que concierne al clima. Los meses de más afluencia turística son diciembre y agosto; los más tranquilos, mayo, junio y septiembre.

La cultura al poder

En Tailandia todo lo mueven dos grandes instituciones como son la monarquía y la religión. Los tailandeses son muy tolerantes y respetuosos pero hay que tener cuidado con no ofender ninguno de estos dos estamentos. La religión dominante del país es el budismo, por lo que resulta muy común encontrarse con monjes vestidos de naranja y budas de oro, mármol y piedra. El tipo de budismo que prevalece en Tailandia es el de la escuela Theravada, que hace hincapié en el potencial del individuo para alcanzar el nirvana sin la ayuda de santos o gurús. La visita a uno de sus templos implica entrar correctamente vestido: nada de pantalones cortos y camisetas.

El tailandés es un idioma complicado que dispone de un alfabeto propio pero, aunque sólo sea por pura diversión, merece la pena aprender un par de palabras. La mayor dificultad de la lengua tailandesa radica en que es una lengua monosilábica tonal: una misma palabra puede pronunciarse con un tono creciente, decreciente, alto, bajo o medio y, en teoría, puede tener hasta cinco significados diferentes.

El arte tailandés, basado en la escultura y arquitectura, se divide en numerosos estilos históricos, que son los siguientes: el Mon (siglos VI-XIII), el Khmer (siglos VII-XIII), el Peninsular (siglo VIII-XIV), el Lan Na (siglos XIII-XIV), el Sukhothai (siglos XIII-XV), el Lopburi (siglos X-XIII), el Suphanburi-Sangkhlaburi (s. XIII-XV), el Ayuthaya A (desde 1350 hasta 1488), el Ayuthaya B (desde 1488 hasta 1630), el Ayuthaya C (desde 1630 hasta 1767) y el Ratanakosin (desde el siglo XIX hasta nuestros días).

Otras formas artísticas son la música clásica tailandesa y la danza teatral.

¿Qué comer?

La variación es un componente típico de la gastronomía tailandesa. Sobretodo se trata de una cocina picante y muy condimentada, sazonada con muchísimo ajo y chiles y una mezcla peculiar de zumo de lima, hierba limonera y cilantro fresco. Otros ingredientes habituales son: galanga, albahaca, cacahuetes molidos, zumo de tamarindo, jengibre y leche de coco.

El pilar de los platos tailandeses son las salsas de pescado, la pasta de camarones y, por supuesto, el arroz, que se come prácticamente con todo. Los platos principales de esta cocina incluyen el guisado de pescado picante y agrio, el curry rojo y verde, y varios platos de tallarines y sopas. La comida tailandesa se adereza con una gran variedad de condimentos y salsas, y cacahuetes fritos, pollo, jengibre en rodajas, pimientos y rodajas de lima son algunos de los aperitivos y tentempiés que se sirven. Otro manjar lo constituye la gran variedad de frutas que ofrece la tierra, tanto frescas como en zumo. El zumo de azúcar de caña y, si se desea algo más fuerte, el whisky de arroz son las bebidas favoritas locales.

Textos TM y GFDL

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