Marrakech
Marrakech, la perla del Sur

Al pie de las montañas del Atlas encontramos la ciudad de Marrakech. Antigua capital de la que Marruecos tomó el nombre. Sin duda, es una de las más importantes capitales del antiguo imperio marroquí. Cuenta con un patrimonio cultural de los más notables del país. La magia no deja de estar presente en un lugar donde se entremezcla el misticismo y la cotidianidad. Donde la tradición marca los pasos de sus gentes. Una metrópoli abierta al visitante y acogedora por naturaleza. Los olores y sabores nos transportan a un lugar encantado, brillante y majestuoso. Marrakech huele a hierbabuena y a exotismo. Una de las ciudades más coquetas del mundo árabe, durante siglos llamada “La perla del Sur”.

Marrakech es una ciudad que cambia a cada instante, tal y como las metrópolis occidentales lo hacen, pero conservando su encanto particular.

A finales del siglo X, la medina era el único barrio con el que contaba la ciudad. Es el momento en el que empieza la historia de Marrakech, que pronto pasaría a ser un lugar de lujosa residencia durante siglos.

La etimología del nombre de la ciudad es bien curiosa. “Marroukech” significa “vete deprisa” dado que en sus inicios era una ciudad de paso.

En tiempos de la dinastía almohade pasó a ser la ciudad más importante del occidente musulmán. No tardó en convertirse en la capital del imperio del Magreb y Al-Andalus. El comercio trans-sahariano fue el motor del desarrollo de esta capital. Este modo de entender las transacciones ha perdurado hasta nuestros días y Marrakech sigue contando con una economía floreciente gracias a su estratégica ubicación: Entre el Atlántico, las montañas del Atlas y su proximidad a las ciudades de negocios de Rabat y Casablanca.

Su fundación se data en el siglo XI. Son los berberiscos con su dinastía Almoradiv los que la llevan a cabo. El mestizaje de culturas como la árabe, berebere y africana le dan a la ciudad una gran variedad y enriquecimiento. De este crisol de culturas podemos justificar la incesante actividad y animación de Marrakech. De este bullicio y frenética actividad, la plaza Djemaa el Fna es el ejemplo por antonomasia: aguadores, echadores de cartas, encantadores de serpientes, escritores, acróbatas y saltimbanquis, músicos, narradores de cuentos, vendedores de bebidas. En esta plaza, y en sus zocos y callejuelas podemos encontrar todo tipo de productos, siendo estos lugares, el paraíso para el comprador foráneo. La cerámica, la artesanía en piel, latón, plata y las joyas más originales, las podemos encontrar en estos espacios destinados a dejar exhausto al más preparado de los compradores. Ciudad de tejedores, por sus rincones no dejaremos de ver las más bellas alfombras y telas bordadas .

Del siglo XII son los principales monumentos que podemos contemplar en Marrakech. Impresionantes son las murallas de la ciudad, la mezquita Koutoubia (gemela a la que tuvo Sevilla), su minarete de 70 m. (idéntico a la Giralda ). Sin cambiar de siglo, encontramos el Mausoleo de los Soberanos y el Medersa Ben Youssef (antiguo colegio religioso).

Otros sitios de obligada visita son las tumbas saadis, el palacio el Badi, los zocos y el jardín del Agdal.

Declarada “Patrimonio Mundial” por la UNESCO su riqueza en cuanto a paisajes, cultura y arte es inagotable. Al margen de sus hoteles, cuenta con los “ riads ” que son casas de huéspedes, con el añadido de poder conocer de primera mano la cultura propia, olvidándonos de la impersonalidad de los hoteles.

Una de las formas de desplazarse para tener total libertad de movimientos es el coche. Como lugares interesantes desde Marrakech están los Palmerales, las rutas del Alto Atlas, bellos pueblos como Amizmiz, Asni o Tameslouht y la estación de esquí de Ouikameden y el Valle del Ourika.

¿QUÉ HAY QUE SABER?

Agua: A la hora de beber. La opción es beber agua embotellada. Y en grandes cantidades en los meses de calor.

El alcohol y el cerdo: Ambos están prohibidos en su religión y cultura. No obstante, las bebidas alcohólicas siguen estando a la disposición del visitante, sin ningún tipo de restricción, en hoteles, bares y restaurantes.

Autobuses urbanos: Las aglomeraciones suelen ser frecuentes y su rapidez deja mucho que desear, aún así, tienen su encanto.

Gastritis: Hay que tener cuidado con el sazonado de las comidas. Son abundantes las especias y los sabores fuertes. Así que si tiene un estómago delicado más vale tomar precauciones.

Mezquitas: La tradición religiosa no permite entrar en las mezquitas. Al menos no en todas ellas. De todos modos la visión desde el exterior es espectacular.

El Ramadám: Es la época de abstinencia del pueblo musulmán. Un tiempo de recogimiento y de ayuno. Hay que tratar de evitar comer en público en pleno día. Aún así no hay ningún problema en hacerlo en bares y restaurantes .

El regateo: La venta es junto al turismo una de las principales fuentes de ingresos. El negociar, a la hora de comprar algún producto, es obligatorio aunque no estemos acostumbrados a ello. Es conveniente ir de compras evitando el horario de máxima afluencia, así el precio será mucho más barato.

El velo y el burka: La tradición y religión tienen un peso importante en Marrakech. Es una ciudad plural por sus muchos visitantes y por los múltiples estilos de vida que se dan en ella. Las costumbres tales como el velo y el burka en las mujeres debemos respetarlo.


GASTRONOMIA

Marrakech se caracteriza por sus bajos precios a la hora de disfrutar de un buen menú gastronómico. Sus sabores son exóticos, fuertes y especiados. Suculentos a la vista del visitante y apetitosos en su paladar. Las digestiones suelen ser pesadas, pero no por ello hay que dejar de probar estas delicias culinarias.

Si hay un plato característico de Marruecos, éste es el Cus-cus. Con una infinidad de posibilidades de guiso, este suculento plato consta de una pasta de sémola, harina de trigo, que se cocina al vapor. Se cocina en un recipiente de barro (cuscusera). En el fondo se colocan las verduras condimentadas con especias y en la parte de arriba se pone la pasta de sémola del cus-cus. Legumbres y carne tienen su preparación aparte con la salda adecuada.

En Marrakech se suele evitar el sabor picante y se decantan más por la suavidad en sus aromas y sabores. Una de las características que más sorprenden al turista es, que este plato, se suele comer con las manos.

La especialidad más popular en todo Marruecos es el cus-cus Saykout. Esta modalidad tiene como peculiaridad que se cocina con mantequilla y con leche batida (“Lben”). A diferencia del resto, este cus-cus es un plato que se sirve frío y es muy consumido en los meses de verano donde el calor es sofocante. La mayoría de los puestos ambulantes de comida lo ofrecen en época estival.


Otras especialidades gastronómicas que podemos encontrar en Marrakech:

Djaja Mahamara: carne de pollo estofada con almendras, sémola y pasas; Harira: sopa acompañada de una empanada dulce con carne de pichón hecho con capas de masa de hojaldre; Kefta: albóndigas de carne picada; Méchoui: cordero entero, asado a las brasas; Pastilla: masa de hojaldre rellena de carne de pichón con especias, sobretodo, canela; Tajine: plato compuesto de carne de buey, cordero o pescado, asado en una cazuela de barro con almendras, ciruelas, legumbres y verduras, y adobado con canela o azafrán; Touajen: estofado de cordero (o pollo) en escabeche; Hout: la variante del Touajen pero con pescado.

VIDA NOCTURNA

La calle es el principal reclamo de la noche en esta ciudad. Un hormiguero de gente se mueve sobretodo por la plaza Djemmá el Fná que no cesa en su actividad. Las zonas de bares nocturos están ubicadas a lo largo y ancho de Marrakech. Son conocidas Guéliz, Hivernage y Palmerie.

En la plaza, los puestos de artesanía, comida y bebida siguen en plena actividad. Los artistas callejeros hacen acto de presencia y animan a la multitud. Son muchos los músicos, acróbatas y cuenta-cuentos que se concentran en Djemmá el Fná. Se puede disfrutar de la noche sentado en una terraza y degustando un té arabe preparado como manda la tradición, con sus hojas de hierbabuena enteras en el vaso. La plaza en su bullicio hará el resto, solo con contemplar lo que allí acontece ya satisface al más inquieto de los turistas.

También existe la posibilidad de acudir a bares al estilo occidental. Las zonas indicadas para ello son la plaza Abd el Moumen Ben Alí, Le Charleston o la Mammounia.

Los espectáculos de danza del vientre con música tradicional los podrá encontrar en alguna que otra tetería típica, o en varios de los restaurantes de la ciudad. Allí podrá disfrutar de una tranquila cena y contemplar el sugerente espectáculo.

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